Tú, yo y mis fantasías

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En la cama y en el amor todo se vale. Cuando de fantasías sexuales se trata, las mujeres también tenemos mucha imaginación y es que es un derecho hacerlo y dejarse llevar por esas perversiones que TODAS tenemos. Solo es cerrar la puerta y dejarse llevar.
En estos días, el tema es la película “50 sombras de Grey” basada en el libro con el mismo nombre. La autora tuvo la suerte de que el libro fuese un éxito comercial, porque considero a mi parecer, que ese género estaba abandonado y cautivó a un público femenino escondido entre los miles de tabúes impuestos por la sociedad.
Empecé a leer el libro para poder criticar con causa justa. No lo terminé. Me pareció un fiasco. Es un revoltillo de miles de historias que encuentras en las letras de Corín Tellado y Danielle Steel.
Me odiarán muchas por pensar así, pero si quieren leer una verdadera narrativa erótica cuidada en sus letras; lean “El amante de Lady Chaterlay”, de David H. Lawrenc, “Lolita“, de Vladimir Nabokov, “Emmanuelle“, de Emmanuelle Arsan, “El amante“, de Marguerite Duras y la increíble “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes.

 

Les voy a hablar de historias reales, de mujeres que exploran su sensualidad y que tienen hombres de carne y hueso, humanos, unos con barriga, otros con dinero o simples asalariados, unos altos, bajos, morenos, blancos, nada parecido a “Mr Grey” pero capaces de ser el juguete de cualquier dama que quiera experimentar miles de orgasmos.
Un día Carolina decidió romper la rutina con su chico. Cerró la puerta de la oficina, estaba sin ropa interior, se montó encima de él y consiguió el orgasmo más rápido mientras él hablaba por teléfono con un proveedor. Sólo ver su cara de angustiado y excitado la volvía más loca. Acabó en minutos, se acicaló, le dio un beso y se fue a trabajar.
En la noche, la jornada continuó a la manera de él. “Hay que mantener esa llama amiga, la monotonía es el peor enemigo” Y es que ¿a quién no le ha provocado hacer lo que hizo Carolina?
Un día mi chico yo veníamos de la playa y nos agarró una de esas colas interminables que se hacen en plena temporada. Aburrida, decidí divertirme y en esas osadías típicas de mi persona, aprovechando el momento de ponerme creativa y donde la fantasía era mi aliada; me subí encima de él, corrí la braga de mi traje de baño y empecé con esa danza que a todas nos gusta.
Me excitaba sólo pensar que lo hacíamos en el carro alrededor de varias personas y que de cierta forma podían notar que allí se desataba una tormenta de pasiones. Con mis movimientos más intensos, había momentos en donde sin querer tocaba la corneta con mi espalda. Y en esos vidrios empañados, mientras curiosos lejanos notaban que allí pasaba algo excitante, cumplí una fantasía. El exhibicionismo fue mi socia, ¿quién no lo ha hecho?
Verónica llegó más allá logrando su trio, dos hombres y ella. Desde un principio se ponen las reglas del juego y como ella afirma: “es mejor hacerlo con amigos ya que con la pareja se podrían presentar problemas de celos y yo lo que quiero es disfrutar”
Fue con premeditación y alevosía. Llegaron al apartamento de uno de los caballeros, tomaron vino, rieron, entraron en confianza, se mostraron esos jugueticos que harían el trío más excitante y pusieron las reglas en donde Verónica aclaró que no habría penetración trasera, pero si toques suaves con “Esas herramientas de placer”
Plumas, lubricantes, ropa interior muy sexy y 120 minutos de placer, fue el momento que Verónica siempre recordará para usarlo en esas noches donde el vibrador será su compañero.
Por su parte Daniela recuerda, que un día estaba grabando un audio en off y en plena cabina decidió dejar de grabar, agarro a su novio y se encerraron en ese mínimo cuarto. El notando sus intenciones y esa mirada pervertida, la tomo en sus brazos fuertemente, “le enredé mis piernas en su cintura, nos besamos y tuvimos un rapidito increíble”
Las fantasías son gratis y las puedes cumplir cuando quieres y nadie se tiene porque enterar. Son tus vivencias, lo que te hace ser la mujer que eres en la cama. Es el deseo haciéndose libre.
En el ascensor, en un carro, en una oficina, en la playa… ¿Y cuál es la tuya?

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