Sexo en la primera cita

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La primera cita es importante, las mujeres pensamos durante una semana que nos vamos a poner para lucir FA BU LO SAS. ¿Pero nos imaginamos que ropa interior vamos a usar? ¿Nos acomodamos para lucir nuestra venus libre de toda culpa? Yo creo que sí.
Hablando con Daniela, Carolina y Verónica, salió el tema de si es bueno hacerlo en la primera cita. Muchas afirmaron que normalmente se llega a la cama en la tercera salida, es como el tiempo que ha quedado escrito en estas eras de modernidad y feminismo. (Término mal llevado por cierto y que ha logrado que los hombres ya no conquisten, pero hablaré de eso en otra oportunidad)
Carolina afirma que acostarse en la primera cita es de zorras, mientras Verónica responde que eso no tiene nada de malo “si dos personas se atraen porque no hacerlo y así probar de una como es esa batalla carnal y dejarse de tantas tonterías”.
Daniela afirma que hacerlo y esperar la llamada del día siguiente es una tortura “es el precio que una paga porque las feromonas hablan de más y ¡pum! terminamos en su apartamento”
Daniela tiene razón. Mientras transcurren las horas por la llamada del día siguiente, por nuestras cabezas pasan miles de cosas, pensamos que lo hicimos muy rápido, que somos fáciles, ¿fui buena en la cama?, ¿hablé de más?, ¡no debí tomar tanto vino!
Para los chicos la cosa es distinta. Ellos esperan hacerlo en la primera cita. La presa y el cazador. Sus intenciones van envueltas en un acto de magia para seducir y encantar a la damisela y domarla hasta caer rendida antes sus encantos que terminarán en un  revolcón.
Una vez salí con un chico que me encantaba, desde que nos vimos hubo ese “no sé qué”. Paso casi un año cuando salimos por primera vez. La verdad, nunca pensé que le gustaba, pero si y por lo visto mucho, de más diría yo.
Su agenda era súper apretada. Su trabajo era agotador, trabajo; que ya yo me había alejado por completo por consumir demasiado mi tiempo y dejarme ese sabor de derrota electoral.
Aprovechando mi visita a la capital por asuntos laborales, me invitó a salir y allí estaba yo, nerviosa, poniéndome ese vestido que hacía resaltar mi figura, maquillaje discreto y encantador y esos tacones que lo hicieron enloquecer. Tenía ese fetiche común de todos los hombres. Adoraba mis pies.
Me llevó a un restaurante hindú divino y romántico.  Comimos, hablamos, acomodamos el país, reímos, nos sedujimos y eso nos llevó a tomarnos 2 botellas de vino. Los besos iban cada vez más allá hasta que le dije que me llevara al hotel porque debía madrugar, tenía una reunión temprano en la mañana.
Al dejarme en el hotel me dijo que si no lo invitaba a subir. A pesar que tenía mucho alcohol en la cabeza me molesté, me pareció un atrevimiento de su parte. ¿Cómo me va a pedir en la primera que vayamos a la cama?
¡Estaba muy ebria! Pero le dije que no, ¡que se había equivocado de mujer! Él estaba muy ebrio también y no sé si me entendió a pesar que insistió que no tenía nada de malo, salí del carro digna con los tacones en la mano y como dirían por allí “lisa” a pesar que el chico me gustaba bastante.
Nunca me lo habían pedido en la primera cita. ¡Es más eso no se pide, simplemente se da señores! Tiempo después volvimos a salir y la cosa fue distinta. Al fin de cuentas si entendió. Y al final cedí.
Pero no todas las cosas suceden así. Carolina se acostó en la primera salida y termino en una relación de año y medio.
Hacerlo o no es tu decisión, siempre y cuando te sientas cómoda con esa persona y no te dejes llevar por esos tabúes que te alejan de tu sexualidad y lo que realmente quieres sentir como mujer.  Como dice las canción de Jarabe de palo. “Depende, todo depende, de según como se mire todo depende”

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