Besos que delatan

Besos que delatan

 
Ese preciso momento cuando el silencio hace demasiado ruido y el espacio se hace pequeño para estar separados. Ese preciso momento cuando las miradas dicen a gritos que ha llegado la hora de que nuestros labios se digan de cerquita el deseo que esconden nuestros corazones. ¡Pero ese preciso momento puede arruinarse, si hay babas, mal aliento, y hasta barba mal afeitada!

 

Siempre habrá un primer beso y un último; y así fue con Leonardo. La primera cita fue más de lo mismo: una salida a comer en un sitio muy chic de la ciudad. Camino al estacionamiento me abrió la puerta del carro y de repente cruzamos miradas y ¡Bum! Me beso…. ¡y no fue para nada agradable! Abrió la boca como su fuese a comerse un gran bocado de una hamburguesa con todo, mi barbilla se la tragó, lo peor no fue eso; si no que me dejo toda babeada, ¡les confieso que me dio asco! Si él lo estaba disfrutando yo no, así que me aparte casi lentamente de su boca y me seque los labios con mi antebrazo. Hasta allí llegaron mis salidas con el caballero, no quería otro encuentro cercano del 3er tipo.
 
Hombres del mundo, si van a besar a una chica, asesórense de haber tragado saliva antes, ¡porque es bien desagradable que te llenen de baba!
“¡Es realmente asqueroso esos besos aguados llenos de saliva, uno trata disimuladamente de limpiarse la boca, lo peor no es eso, es el olor a baba que te queda impregnado en tu carita!” expresó Carolina mientras tomaba lentamente su acostumbrado “Mojito cubano”
 
Como cada jueves, las chicas nos reuníamos para hablar de nuestras travesuras y aventuras amorosas, y como el tema en esta ocasión eran sobre los besos, era inevitable que no nos acordáramos de los besos juveniles; y en ese momento Verónica se levantó de su silla y nos dijo. “Chicas, recuerdo que cuando era jovencita, los besos de mi noviecito me volvían loca, tenía las hormonas alborotadas y yo no lo sabía; ¡hasta un piquito me humedecía allá abajo! ja, ja, ja era demasiado bueno. Durábamos horas besándonos en la terraza de mi casa, ¡yo me mojaba todita! podía sentir que a él le gustaba también mis besos porque sentía en mi entrepierna como se movía y crecía su virilidad, ¡Qué recuerdos aquellos!”
 
Daniela recordó su primer beso, parecía un poetiza cuando nos contaba su historia. “Gerardo y yo nos gustábamos mucho, pero de cierta forma no teníamos el valor de confesarlo. Un día, en una fiesta de mi prima, decidimos dar un paseo por el jardín de la casa, caminamos agarrados de la mano de forma tan lenta que parecía que el tiempo se hubiese escondido entre las flores. Luego, nos detuvimos en una vereda, nuestras miradas se conectaron y ya no había más nada que decir. Nuestra inteligencia se desmayó y nuestras bocas se encontraron, nos exploramos tanto que no nos habíamos dado cuenta que nos faltaba el aliento. Sentí de repente que mi corazón se había salido y revoloteaba cual mariposa dentro de las enredaderas, me toque el pecho para darme cuenta que aún estaba allí, palpitando fuertemente”
 
Son infinitas las clases de besos que podemos describir, como los de los amantes que no quieren ser descubiertos y cualquier rincón obscuro es perfecto para matar las ganas; o los besos de la pubertad, dados a escondidas par que tu mami no te descubra, yo los defino como “besos asustados” O ese beso francés, cuando te das cuenta que la lengua puede hacer muchas cosas más que gesticular palabras, allí descubres que ella puede estar en perfecta sincronía desenfrenada cuando dejas que se pose en los labios de tu amor. Y ni hablar del más grande y puro: el beso de una madre a su hijo cuando lo bendice.
 
¡Pero un beso robado no tiene precio! Cuando estaba en la universidad había un chico con el cual tenía una especie de atracción fatal. Un día, cuando todos estaban en clase, me asomé por la ventanilla de la puerta de su salón y le hice un gesto para que saliera. Él salió con esa cara de picardía que me volvía loca. El pasillo estaba completamente solo, lo alejé de la puerta, lo arrinconé en la pared y le di un afiche de Charles Chaplin que le había prometido; no sin antes darle un apasionado beso, baje lentamente mi mano y le aprete el final de su espalda. Presioné mi pecho sobre el suyo para que pudiera sentir mi respiración. Después, tempestivamente lo deje de besar y le dije: “espero te haya gustado la sorpresa”  salí corriendo cual colegiala enamorada, mientras él se quedaba absorto en la pared mirándome como entre risas me alejaba.
 
Son muchos relatos que podemos leer acerca de los besos, pero sin duda alguna, cuando el beso es con amor, es mágico. No hay beso más rico que el que se da cuando dos cuerpos están entrelazados como si fuesen uno. Ese beso apasionado que va y viene al ritmo del juego entre los vientres, esa mirada que se funde entre el jadeo y el sudor de la pasión, ese infinito vaivén que nos lleva a la cima del cielo y donde siempre queremos regresar.
 
El próximo tema será “Noche de copas” ¿has cometido una travesura de la que no quisieras recordar por unos tragos de más?, cuéntame tu experiencia  en el correo [email protected] No te preocupes que la confidencialidad siempre estará presente.
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